BARÓN ROJO / OBÚS – SALA LA RIVIERA

BARÓN ROJO / OBÚS – SALA LA RIVIERA

11 de Enero de 2018. Sala La Riviera. Madrid

Había mucho ambiente y gran expectativa en este concierto. Teniendo en cuenta que en otras ocasiones las dos bandas habían llenado La Riviera por separado, la respuesta del público era prácticamente segura. Apenas siete meses antes pudimos ver el mismo tándem en Alcobendas, y lejos de disuadir a la gente, parece que les animó a repetir la experiencia.

Se suponía que Obús comenzaría a las 20:00 horas, pero entre un pequeño retraso y una larguísima intro, en realidad no arrancaron hasta las 20:10 con “Juego Sucio”. Un buen montaje, con juegos de luces y tres enormes pantallas con imágenes más o menos relacionadas con las letras de las canciones, acompañarían a los dos grupos. Algún que otro fallo, pero en general buen sonido. Se podrá decir cualquier cosa del público rockero, pero es indiscutible que es el mejor del mundo. Prácticamente lo perdonamos todo. Antes del comienzo, el mosqueo del respetable con las mamarrachadas televisivas de Fortu era unánime.

Desde la ironía al insulto directo, nadie estaba contento con sus, ¿cómo decirlo…? actividades extramusicales. Y lo triste es que ni siquiera le sirve para congregar a más gente en los conciertos de Obús.

Pero una vez que arrancó el concierto, todo olvidado. Él se comportó en el escenario con toda la profesionalidad de la que fue capaz, y el público apoyó y aplaudió a rabiar. Con el repertorio de Obús muy mal hay que tocar para que los asistentes no respondan de forma positiva.

El set list estuvo sobre todo centrado en clásicos como “Necesito Más”, “La Raya”, “Te Visitará La Muerte”, o “El Que Más”, aunque no faltaron algunas composiciones relativamente recientes como “Que Te Jodan”, “Corre Mamón” o “Esta Ronda La Paga Obús”. El cambio de bajista no ha supuesto ningún problema, y Luisma ha encajado a la perfección junto a Paco y Carlos. Paradójicamente, el más flojo del grupo fue Fortu. Y no porque tuviera la cabeza en Guadalix, como hemos leído por ahí. No le vimos falto de motivación. Sin embargo, no fue capaz de interpretar completa ni una sola canción. Dejar cantar al público es algo que hacen todos, a veces está muy bien hacer un show participativo y puede servir para ganar intensidad. Pero cuando todo finalizó, al preguntar “¿recuerdas un solo tema que haya cantado Fortu completo?”, nadie era capaz de nombrar ninguno. Si el estado de su voz fuera bueno, no se vería obligado a utilizar ese subterfugio de forma tan repetida y descarada. No es una opinión, es el relato de lo que sucedió. Lo que le salva es que como showman sigue siendo de los mejores, si no el mejor. Sabe llevar al público como nadie, y gracias a su desparpajo y sus recursos mucha gente no se da cuenta del desastre que está viendo en el escenario. Los berridos finales de “Autopista” fueron casi ridículos, abusando del reberb para intentar disimular lo evidente. Sin duda el Fortu que vimos el año pasado en Alcobendas estaba en mucha mejor forma.

Por suerte para la banda, con canciones como “Dinero, Dinero” o “Va A Estallar El Obús” no hay público que se resista. Quizá fue un fallo alargar demasiado un tramo en el que Luisma y Carlos hicieron solos, el segundo llegó a tocar con sus baquetas en los peldaños de una escalera. Muy divertido, pero eso deberían reservarlo para conciertos de dos horas, el tiempo corría y podrían haber metido alguna canción más. El fin de fiesta llegó con la imprescindible “Vamos Muy Bien”, finalizando a las 21:30 y tocando por tanto una hora y 20 minutos que, como decimos, podrían haber aprovechado mejor.

Sobre las 21:55 Barón Rojo arrancaron con un apoteósico “Los Desertores Del Rock” con el que se metieron a la gente en el bolsillo desde el minuto uno. Es difícil decir qué era más intenso, si lo que salía de los amplificadores o el entusiasmo del público. Obús habían sonado bien, pero si caben los Barones sonaron todavía mejor.

Incluso el montaje de luces nos pareció más acertado. Al contrario que sus predecesores, los De Castro y compañía apostaron por apurar el tiempo hasta el último segundo, sin molestarse siquiera en presentar los temas. Salieron a matar y sin contemplaciones. Pero en ningún momento dejaron que las prisas les jugaran una mala pasada, Carlos, Armando, Rafa y José Luis funcionaron como un perfecto engranaje. Muy a destacar, además, las ganas y la movilidad sobre el escenario del veterano bajista, a quien para llegar a lo inmejorable sólo le falta ayudar un poco con los coros. Tras otro gran clásico como “Incomunicación”, nos demostraron que pese a correr el reloj no iban sólo a apoyarse en sus himnos más populares, y a los fans más fieles nos dieron tres sorpresas como “Noches De Rock And Roll”, “Efluvios” y “Seguimos Vivos”. No fueron coreadas tan intensamente como las dos primeras, pero sí fueron despedidas con atronadoras ovaciones.

Tras la etapa de mostrar coraje, también hay que dar al público lo que quiere, y nada mejor que “Hermano Del Rock And Roll” para que los asistentes recuperaran una euforia que no abandonaron en lo que quedó de actuación. Armando cantó a medias con su hermano “Seguimos Vivos”, y no precisamente porque Carlos necesitara ayuda. Incluso los que le critican de forma sistemática tuvieron que reconocer que esa noche cantó muy bien, y así lo demostró en “Cuerdas De Acero”.

“Hijos De Caín” sorprendió un poco porque suele caer más bien en la recta final, pero fue recibido con gran entusiasmo. De nuevo Armando volvió a asumir protagonismo vocal en “Con Las Botas Sucias”, en la que intercalaron un fragmento del famoso himno “Born To Be Wild”.

Con los “Rockeros Van Al Infierno” se alcanzó el delirio. La sala parecía una olla a presión con todos los asistentes cantando y botando como posesos. El grupo estaba prácticamente en éxtasis, sobre todo Armando, que terminó destrozando su guitarra contra el suelo. Nunca le habíamos visto en semejante estado de irracional euforia. No hay que olvidar que se ahorraron intercalar medleys y ha sido una de las pocas veces en que hemos podido disfrutar de tan genial canción sin interrupciones.

Era el momento del bis, la pausa aunque corta se nos hizo eterna. Había que evitar a toda costa que nos enfriáramos y para ello volvieron con “Barón Rojo”.

El cambio de la maltrecha guitarra de Armando les provocó algún fallo técnico de poca importancia que fueron subsanando sobre la marcha, y la verdad es que la gente estaba tan volcada que muchos ni se dieron cuenta. Como es habitual, enlazaron el tema que les da nombre con el no menos genial “Son Como Hormigas”.

Nadie, ni público ni músicos, daban la más mínima muestra de fatiga. “Concierto Para Ellos” resultó particularmente emotivo con la aparición en las pantallas gigantes de imágenes de todos los grandes fallecidos de la historia del rock.

Si hasta el momento el alborozo general parecía insuperable, era porque aún no había comenzado “Resistiré”. La palabra delirio se queda corta.

El broche final llegó con la celebrada “Siempre Estás Allí”, que terminaron con unos breves fragmentos instrumentales de “Barón Rojo”. Se retiraron con evidentes signos de desgana y con deseos de quedarse más tiempo.

Como otras veces los conciertos en La Riviera finalizaban a las 00:00 horas y todavía eran las 23:40, todos esperábamos un último extra, mientras coreábamos “otra, otra”. Pero para nuestra sorpresa se encendieron las luces y ya resultó evidente que todo había terminado.

La salida fue una mezcla de enfado y felicidad. Felicidad por los excelentes momentos vividos, y enfado al ver que cada vez La Riviera obliga a terminar más pronto. Si no quieren celebrar conciertos, que no lo hagan. Pero en un evento así, es casi un insulto que las bandas tengan que tener su tiempo tan limitado

Texto: Nacho Jordán

Fotos: Eduardo Cabello

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